¿YA SUPIERON QUIEN SE DIVORCIO?
Tamaulipas: entre divorcios que duelen y justicia que empieza a renacer
Columna: Conciencia Ciudadana
Por: Luis Armando Gonzalez Isas
A veces me detengo a pensar en lo que significa vivir en Tamaulipas hoy. Las cifras son frías, pero detrás de cada número hay historias que duelen: en 2024 se registraron 12,549 matrimonios y 8,313 divorcios, lo que significa que más de la mitad de las parejas no logra sostener su unión. Caminar por la ciudad y escuchar sobre familias que se separan, niños que cambian de casa, madres y padres que luchan por acuerdos de pensión, me hace reflexionar sobre la fragilidad de los lazos humanos cuando la vida se mueve tan rápido. Migración, independencia económica de las mujeres, urbanización acelerada… todo esto explica la tendencia, pero no la suaviza. Cada separación deja cicatrices, no solo legales, sino emocionales, y me hace preguntarme si estamos haciendo lo suficiente para sostener la estructura familiar que nos sostiene a todos.
Sin embargo, en medio de este panorama sombrío, hay señales que me dan esperanza. Asistir como abogado que soy, aunque a la renovación del Poder Judicial de Tamaulipas me recordó que no todo está perdido. 147 jueces y juezas de primera instancia y 19 magistrados, elegidos por la ciudadanía por primera vez, representan un cambio profundo: un sistema que, quizás por primera vez, se acerca a la gente y deja de ser solo un laberinto burocrático. Que el Supremo Tribunal de Justicia funcione con paridad de género y que se anuncie la creación del observatorio ciudadano de justicia me hace pensar que la transparencia y la equidad no son sueños lejanos, sino objetivos concretos que podemos alcanzar si hay voluntad.
Al mismo tiempo, observo con inquietud lo que ocurre al otro lado de la frontera. El reciente discurso de Donald Trump ante 800 altos mandos militares me deja un sabor amargo: un país que siempre ha sido referente de orden institucional parece caminar peligrosamente hacia la politización del Ejército y la amenaza de un “enemigo interno”. Comparo esto con nuestra realidad y me doy cuenta de que, aunque Tamaulipas enfrenta sus propios desafíos, aquí tenemos la oportunidad de reconstruir desde abajo: familias, ciudadanos y jueces pueden elegir cómo actuar frente a la crisis, sin esperar que la solución venga de afuera.
Personalmente, creo que Tamaulipas está en un momento de decisión. Los divorcios récord nos obligan a mirar con honestidad cómo vivimos nuestras relaciones, mientras la renovación judicial nos recuerda que las instituciones pueden ser aliados si se les permite cumplir su papel. Me pregunto, cada vez que escucho estas cifras o veo estas reformas, si nosotros como sociedad estamos dispuestos a sostener el tejido social, a acompañar a los hijos de padres separados, a exigir justicia efectiva, y a no permitir que la indiferencia se convierta en norma. Porque al final, la estabilidad no se hereda ni se impone desde arriba: se construye día a día, entre nuestras casas, nuestros tribunales y nuestras elecciones. Y en la frontera, como en cualquier sociedad, cada acción cuenta.
Y ya para terminar el saludo de hoy es para nuestro siempre amigo Omar Becerra Trejo, excompañero de maestría y poderoso consejero jurídico, fiel lector de esta columna y quien siempre está al pendiente de ella.
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